Se trata de uno de los aspectos fundamentales de todo proyecto de fin de carrera y de máster, y es el que definirá tu idoneidad para ser licenciado universitario o apto para recibir el título de máster. La justificación del TFG es lo que determina la motivación de la investigación, y engloba distintos aspectos relativos a las razones de la elección, los objetivos que se esperan alcanzar con su elaboración y las expectativas en cuanto a ampliación de conocimientos que esperan superarse tras su presentación. En las siguientes líneas te vamos a explicar cómo hacer una justificación en un TFG de la manera adecuada y las mejores herramientas con las que puedes contar para elaborarla.

¿Qué es la justificación en un TFG?

Seguro que al elegir el tema de tu trabajo final has tenido en cuenta distintos factores que te han hecho decantarte por ese y no por otro. Esta elección viene motivada por una serie de expectativas, necesidades y objetivos académicos que esperas satisfacer, y todo ello dan forma a lo que se denomina la justificación del TFG. Es vital exponer todas estas razones y aclarar cuál es la meta concreta del trabajo, ya que, sin fundamentación de ninguna clase, el trabajo pasa a ser considerado no válido por no despertar en el alumno la necesidad de perseguir un objetivo específico. Entonces, ¿cómo hacer la justificación del TFG correctamente para que no te penalice en el resto del trabajo?

Es importante que, de cara al tribunal, se evite hablar en términos apreciativos, como “me gusta este tema” o “me apasiona la cuestión”, ya que no responde a las motivaciones reales del alumno ni a sus expectativas personales, además de tratarse de unas argumentaciones realmente endebles que pueden perjudicar enormemente a la presentación del tema por empobrecer notablemente el discurso. Por el contrario, sí conviene extenderse un poco más y explicar la misión que persigue el trabajo. Esta nunca debe ser una genérica como “ampliar mis conocimientos”, “formarme en un tema que no domino” o similares, sino más bien deben responder a cómo su elaboración ha afectado a la percepción de otros temas tratados durante el curso académico y cuáles son las aportaciones que pueden hacerse para resolver una determinada cuestión de manera más satisfactoria.

Con todo ello, comprenderás la importancia de elaborar correctamente la justificación del proyecto. Si no sabes cómo hacer la justificación de un TFG sigue leyendo, porque te vamos a dar las pautas necesarias para que consigas elaborarla adecuadamente y den el sustento necesario que permita a tu discurso asentarse entre los oyentes.

De qué manera se debe hacer la justificación de un TFG o TFM

La mejor opción es apoyarse en datos recientes publicados en fuentes oficiales. Si estas son periódicos o revistas de la propia universidad, mucho mejor, dado que será información que cuente con el beneplácito de algunos de los más altos responsables del departamento. Son fuentes de sabiduría que merecen ser consultadas y que pueden actuar como catalizadores de nuestras tesis de manera recurrente a lo largo de toda la presentación, por lo que deberías complementar el uso de bibliografía especializada con este tipo de fuentes de información para aportar, además, mayor variedad a las referencias bibliográficas.

Los datos publicados en periódicos, revistas y otros soportes de comunicación cuentan con el prestigio de ser informaciones indudables o muy levemente discutibles, por lo que se les presupone el rigor que precisamente necesita tu trabajo. En base a esa realidad proyectada por las informaciones más recientes puedes justificar tus motivaciones académicas, y nunca personales, para sustentar la justificación de tu trabajo.

Vale la pena que este apartado esté bien trabajado y que le dediques el tiempo suficiente como para no comprometer el resto de la exposición, ya que un error en este momento puede afectar negativamente al resto de tu discurso, por muy bueno que sea.

Tipos de argumentos para elaborar la justificación del TFG

Si el tema de tu proyecto no es lo suficientemente claro o apuesta por un enfoque multidisciplinar, entonces puedes tener serias dudas acerca de cómo hacer la justificación del TFG. Y es que hay hasta cinco tipos diferentes de fuentes que te pueden proporcionar una gran variedad de argumentos capaces de dar forma a la justificación de tu trabajo, a saber: científicos, sociales, prácticos, teóricos y económicos.

Los científicos permiten profundizar en la cuestión aportando datos empíricos, previamente contrastados y aceptados por la comunidad científica; los sociales son todos aquellos que reflejan la realidad de toda o parte de la realidad social del momento (podemos hablar de realidades empresariales, institucionales o locales); los prácticos son aquellos que tienen capacidad real de ser aplicados y que pueden dar un plus de variedad a tu exposición. Cómo hacer la justificación de un TFG nunca es sencillo, en caso de disponer de un tema a defender demasiado amplio siempre puedes apostar por basarte en valores prácticos que te abran la puerta a realizar aplicaciones prácticas in situ siempre que sea posible, de modo que puedas demostrar ante el tribunal que has podido reproducir una parte de la argumentación empleada para elaborar tu justificación (por ejemplo, encuestas a pie de calle, o estadísticas, o informes de datos concluyentes; a lo largo de un año puedes elaborarlo en profundidad y complementarlo con la información oficial para sacar tus propias conclusiones).

Por último, y los menos específicos, son los argumentos teóricos, aplicables a la mayoría de temas e indispensables para dar forma al discurso del trabajo, y los económicos, que pueden dar justificación a ciertas motivaciones para emprender el estudio de una determinada cuestión. Previsiblemente, con la presencia del SARS-CoV-2, los económicos serán los más utilizados en los próximos cursos académicos para estudiar la incidencia de la expansión del virus en ámbitos como el arte, la arquitectura, la medicina o la abogacía, y comparar la pandemia de coronavirus y sus efectos con otras expansiones bacteriológicas y víricas de siglos anteriores, como la epidemia de la peste negra que asoló Europa en el siglo XIV.